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17/6/07

BUDA


Sidarta Gautama

Se conoce muy poco de la vida de Sidarta Gautama. Y eso poco procede de las escrituras budistas y puede que no sea histórico en todos sus detalles, ya que son escritos redactados para hacer más aceptable sus enseñanzas.

"BUDA" es un título honorífico que se le atribuyó después (como "Mesías" o "Cristo" a Jesús; y como "Israel" a Jacob). Su apellido de familia era Gautama y su nombre Sidarta.

Buda significa literalmente iluminado, mentalmente despierto, lúcido. Según el budismo, uno se libera y se hace realmente persona cuando la mente alcanza, desde dentro, una iluminación tal que puede mirar a la vida con realismo. ( De esta forma, ya la simple comprensión de estas dos palabras: Buda y Cristo, nos introduce en dos características fundamentales que distinguen a ambas religiones, dos maneras de llegar a la perfección: desde Dios, desde la unión del Espíritu o desde el hombre y quedándose con el hombre).

Sidarta nació en el seno de una familia acomodada. Su padre era jefe de un clan (perteneciente a la clase de los guerreros) en Kapilarastu, en la frontera con Nepal. Había muchos jefes similares dentro del mismo Reino. Su madre se llamaba Mahamaya, y era princesa de otro clan.

Si Sidarta hubiera pertenecido a la casta de los bramanes, no le hubiera resultado fácil fundar una religión "sin Dios", ya que esta casta debía dedicarse a todo lo relacionado con los ritos y culto a los dioses y diosas.

Sidarta nació fuera de su casa, mientras su madre viajaba a la casa paterna (en la India, para el primer parto las mujeres suelen regresar a su casa paterna). Nació en un parque, a la sombra de un árbol.

(No faltan leyendas que le hacen nacer del costado de su madre-virgen, sin causarle ningún dolor). Al séptimo día murió la madre y Sidarta fue criado por la hermana de su madre: Prajapati Gotami.

Su educación habría sido excelente, en conformidad con las tradiciones de la casta guerrera. En especial habría sido bien adiestrado en el manejo del arco y en las artes de la guerra.

El matrimonio en la India está sujeto a complicadas tradiciones. A veces los padres deciden la pareja de alguien ya desde que nace o desde muy tierna edad. Acerca del matrimonio de Sidarta sólo sabemos que se casó a los 16 años con su prima Yosodara, hija única del príncipe Suppabudda.

El padre de Sidarta tenía grandes planes para su hijo: quería hacer de él un gran político. Para conseguirlo trató de contentarle en todo y rodearle de comodidades. Dícese que incluso tomó grandes precauciones para que su hijo no contemplase siquiera las miserias humanas. Sus esfuerzos, naturalmente, resultaron vanos. Sidarta se dió cuenta de la realidad de la vida, y esa experiencia fue en él tan fuerte que marcó un nuevo derrotero a su existencia.

Tenía entonces 29 años. Debió ser una decisión bien madura, después de ya 13 años de vida matrimonial.

( Dejar a su mujer y a su hijo no equivale, en las tradiciones de la India, a abandonarlos. El sentido de parentesco es muy fuerte, y los abuelos, tíos y tías se encargan de cuidarlos. Incluso, en las tradiciones religiosas hindúes de entonces, ese paso era normal para cualquier persona que aspirase a la perfección: primero debe ser un estudiante célibe; luego, un hombre casado; finalmente, un asceta o eremita. Con todo, Sidarta no siguió estos pasos a cerraojos, sin discernimiento ni espíritu crítico, como veremos. Por eso las escrituras budistas no dicen que dejó la familia para hacerse monje, sino que dejó la familia "en busca de la paz libre de lazos, en busca del Nibbana").

LA BÚSQUEDA.

Lo que primero experimentó Sidarta fueron sistemas de meditación. Se hizo discípulo de dos famosos maestros de su época: Kalama y Ramaputta.

Es de suponer que Sidarta hizo grandes progresos en su aprendizaje del yoga, y que alcanzaría gran facilidad para la meditación.

Pero Sidarta no considera las técnicas del yoga como algo importantísimo ni se dejó arrastrar por la preocupación que mostraban sus maestros por alcanzar los estadios de meditación conocidos como "trances".

Es verdad que la meditación es un aspecto muy importante del Budismo. Pero Sidarta no se interesó en la meditación por la meditación. Para él, la auténtica meditación debe conducirle a uno no a una experiencia efímera sino a una visión de las realidades más profundas de la vida. El estilo de meditación que Sidarta promoverá es un sistema de meditación llamado "meditación intuitiva" ( de visión o profundidad).

La segunda etapa de su búsqueda consistió en experimentar el ascetismo. Dejó Sidarta a sus maestros de yoga y se fue a vivir en un monasterio (ashram, muy frecuentes en esa época en la India) en el que vivían cinco ascetas, en Uruvela.

Esos cinco monjes practicaban el ascetismo más estricto. Creían que la mortificación y tortura de sí mismos entrañaban un poder liberador. ( Hoy también se ven en la India penitentes que se flagelan, se hieren, llevan zapatos con clavos, etc.)

Esos monjes practicaban ayunos rigurosos, viviendo de hojas y raíces. Sidarta siguió estas prácticas con tanto rigor que pudo decir más tarde: Fuí más estricto que todos los demás, hasta quedárseme los miembros como cañas secas.

Pero pronto cayó en la cuenta de lo inútil que era esa mortificación para alcanzar la liberación. Pronto vió que lo importante, para liberarse, no era la automortificación sino la autodisciplina o autodominio. Y en cuanto lo descubrió, dijo adiós a sus compañeros y siguió la búsqueda por su cuenta. Dícese que este período de búsqueda entre los maestros de la meditación yoga y entre los ascetas duró seis años. De ello se deducen dos constataciones importantes:

+ La enorme fuerza de voluntad que tenía Sidarta. Era sincero en lo que emprendía. Se entregaba de corazón. A la vez, nunca perdió su espíritu crítico.

+ Sus convicciones fueron evolucionando. Llegó a rechazar enérgicamente el ascetismo extremo y a considerarlo tan perjudicial a la persona como la autocomplacencia.

LA ILUMINACIÓN.

tras abandonar el ascetismo, Sidarta continuó su búsqueda, él solo, reflexionando sobre la liberación y la manera de alcanzarla.

LA MISIÓN.

Sidarta comenzó su misión predicando a sus conocidos. Fue primero al grupo de los cinco ascetas con quienes había convivido. Aunque había rechazado sus ideas, no les había rechazado a ellos, y para compartir con ellos su camino de liberación anduvo más de 200 Km. Cuando les habló, no le prestaron de momento mucha atención. Pero Sidarta supo conquistares mediante la sencillez de sus métodos. " ¿Cuándo, hasta ahora os había hablado yo de esta manera, convencido de haber encontrado la verdad ?". Estas palabras vencieron, al fin, la resistencia de los cinco monjes. Y entonces, al verlos ya dispuestos a escuchar a Sidarta les expuso su nuevo camino de liberación.

Los cinco monjes fueron los primeros discípulos de Sidarta y también los primeros miembros de la orden monástica que fundó. Y poco después entró en la orden un grupo de 55 laicos jóvenes. Rápidamente la orden creció con nuevos ingresos.

La orden monástica que fundó Sidarta fue realmente original. Fue probablemente la única orden monástica de la historia que no tenía ritos ni ceremonias ni mortificaciones ni sacrificios. Quizás la menos ascética de todas las órdenes del mundo, ya que negaba incluso, por principio, al ascetismo, su virtud liberadora.

También fundó Sidarta un monasterio para mujeres. Pero, además, no sólo los monjes y monjas podían ser discípulos de Sidarta. Sidarta aceptaba también (aunque este aspecto fue pronto minusvalorado en algunas tradiciones busdistas posteriores) a toda clase de personas, casadas o solteras, y afirmó con fuerza que el camino de la liberación estaba al alcance de todos.

Esta actividad misionera alcanzó, ya en vida de Sidarta, un éxito enorme. El secreto del éxito radicó, sin duda, en la excelencia de la doctrina predicada. En una época de confusionismo religioso, Sidarta presentó un tipo de religión y de liberación que era fácil de entender y concreto para seguir. También la nobleza de su linaje debió contribuir al éxito: hubo muchos reyes, gobernadores y ricos que le favorecieron.

Tampoco le faltaron problemas y fracasos. Uno de sus mayores sufrimientos debió ser la oposición a su liderazgo de la orden monástica, oposición capitaneada por un monje sobrino suyo, el venerable Devadatta, quien trabajó lo indecible para conseguir la dirección de la orden. Sidarta sufrió tanto con todo esto que, a veces, se escapó solo al bosque por largas temporadas en busca de paz. No sabemos si logró resolver las divisiones que ya en su vida surgieron dentro de la orden. Lo cierto es que, luego de su muerte, la orden se dividió en diferentes grupos. Pero todas las ramas a pesar de sus divisiones, han mantenido el mensaje básico de Sidarta.

Sidarta Gautama vivió hasta los ochenta años. Su muerte ocurrió en Kusinara, a casi 200 km. De Benares, en la actual Uttara Pradesh. Son significativas las últimas palabras que dirigió a los discípulos que le rodeaban: " La vida es efímera. Esforzaos con atención".

Así, en el último momento de su vida, subraya lo que había inculcado siempre: la necesidad del esfuerzo y la atención a la realidad.

Aunque su vida acabó hace 2,500 años, su mensaje continúa vivo en nuestros días en Sri Lanka, Tailandia, Camboya, Laos, Viet Nam, Nepal, Tíbet, China, Japón, Corea, Mongolia, Taiwan, y en algunas partes de India, Pakistán y Malasia. Incluso en Occidente abrazan hoy no pocos esa doctrina. Señal de que su mensaje interpela a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, tanto como lo hizo en su época.