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1/7/10

Nostradamus y los tesoros ocultos



El profeta francés Michel Nostradamus (1503-1566) amaba los monumentos antiguos y todos los secretos relacionados con obras arquitectónicas romanas. Creció en Saint-Rémy de Provence, donde existen importantes testigos de piedra del pasado romano.
Es posible que ya de joven anduviera entre las antiguas ruinas y hallara algunos fragmentos de cerámicas, quizá incluso monedas romanas. Por todas partes se extendieron historias de legendarios tesoros que supuestamente se hallan escondidos debajo de numerosos edificios en ruinas.

EL TESORO DEL ARCO DEL TRIUNFO
Cuando Nostradamus escribió posteriormente sus almanaques y su famosa obra Les Prophéties, hizo hincapié en los descubrimientos de tesoros ocultos. De este modo quería alimentar las esperanzas de la población decepcionada en una época asolada por guerras de religiones y grandes epidemias. Así, en un cuarteto de Les Prophéties afirma que debajo de las construcciones galorromanas de un arco de honor y del llamado monumento juliano cerca de Saint-Rémy, que hoy en día se conocen por Les Antiques, se halla escondido uno de esos tesoros. Esta afirmación tiene su origen en una vieja leyenda de la región.


EL TESORO DE CONSTANTINE
Ante sus numerosas alusiones a supuestos tesoros ocultos, el famoso profeta recibió continuas peticiones de aventureros que querían probar suerte. Nostradamus solía elaborar entonces un horóscopo del tesoro y luego lo interpretaba para su cliente. En la biblioteca Inguimbertine de Carpentras, en Francia, se conserva un manuscrito del profeta en el que imparte consejos a los buscadores de tesoros interesados en cavar en el oppidum Constantine, al sur de su ciudad de origen, Salon. Nostradamus describe en detalle una grieta en la roca donde se hallan enterrados en la arcilla los huesos de un personaje romano junto a un tesoro.
Nicolas Fabri de Peiresc (1580-1637), humanista francés e historiador de Provenza en cuya posesión estuvo una vez el manuscrito, confirma en su comentario sobre esta consulta que un tal monsieur Fricasse sondeó la hendidura de Constantine y halló en el suelo la arcilla y una medalla de cobre y plata de un emperador.

TRAUCAT Y LA TOUR MAGNE
Tras la muerte de Nostradamus, muchos se dedicaron a buscar en sus profecías eventuales alusiones a tesoros ocultos. François Traucat, un jardinero de Nîmes, solicitó en 1601 al rey Enrique IV autorización para poder cavar debajo de la Tour Magne en busca de un tesoro.
La Tour Magne era una enorme torre construida por los romanos, seguramente un monumento a la victoria. Traucat se convenció, después de leer e interpretar un cuarteto de Nostradamus, que en la oquedad situada bajo la torre había un inmenso tesoro de la época romana.
Enrique IV concedió permiso para cavar bajo la torre, pero con la condición de ceder al rey dos tercios del tesoro, en caso de ser hallado. Las consecuencias fueron desastrosas: en agosto de 1601, Traucat se puso manos a la obra y cavó un enorme agujero; no apareció ningún tesoro, pero en cambio la torre, única en su género, se derrumbó.

EL TESORO DE CNEO Y SEXTO
Dominique Saint-Étienne y Jammot Pathon, dos aventureros de Toulouse, quisieron buscar un tesoro en España. El 20 de enero de 1562, Nostradamus respondió a su consulta mediante una elegante misiva. Elaboró un horóscopo del supuesto tesoro y envió a ambos hombres a la provincia de Teruel, en Aragón, donde según él lo encontrarían. Nostradamus, un humanista erudito, aprovechó la ocasión para revolver en el baúl de los recuerdos de la Antigüedad. Dijo que se trataba nada menos que del tesoro de Cneo y Sexto, los hijos de Pompeyo, quienes tuvieron que esconderlo a toda prisa porque les perseguían las tropas de César, que al final los derrotaron. El profeta describió con todo lujo de detalles las ruinas romanas en que supuestamente se hallaba la entrada a una galería muy profunda situada bajo los restos de un templo, tapada por una enorme piedra cuadrada. No se sabe nada del desenlace de esta historia.