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28/8/11

El retrato viajero de Inocencio X hecho por Velázquez




El retrato que Diego de Velázquez hizo del papa Inocencio X es una de sus obras más importantes y admiradas. Pocos conseguían que el papa posara para un retrato y Velázquez fue uno de aquellos pocos. La obra, inspirada en la composición de otros retratos papales de Rafael y Tiziano, ha sido a su vez copiada no pocas veces. Pero sólo hay una copia autografiada por el propio Velázquez.

Es decir, Velázquez volvió a España con una copia del cuadro firmada por él mismo. Esta obra fue expoliada por los franceses en la Guerra de Independencia al abandonar Madrid. El cuadro viajó hasta Vitoria y allí, después de que las tropas del Duque de Wellington ganaran la famosa batalla que lleva el nombre de esta ciudad, el retrato pasó a las manos del duque inglés. De Roma a Madrid y de Madrid a Vitoria, cambiando de manos tres veces, pero no acaba aquí la cosa.

El cuadro está hoy en Apsley House, la que fuera residencia londinense de Arthur Wellesley, a la sazón Duque de Wellington. Allí reposa junto con otras 200 obras, de las cuales 90 se las llevó el inglés a Inglaterra después de arrebatárselas a José Bonaparte en Vitoria, quien a su vez las había cogido de Madrid al escapar hacia Francia. En Apsley House hay tres originales de Velázquez: Aguador de Sevilla, Retrato masculino y Dos hombres a la mesa. Y, por supuesto, también la copia autógrafa del retrato de Inocencio X, una obra viajera.


El retrato viajero de Inocencio X hecho por Velázquez


Inocencio X (pintura) - Wikipedia, la enciclopedia libre

El Retrato de Inocencio X es obra del autor Diego Velázquez... Una vez que el Papa vio el cuadro de Juan de Pareja, se dejó retratar por Velázquez...
es.wikipedia.org/wiki/Inocencio_X_(pintura) - En caché - 

Diego Velázquez - Wikipedia, la enciclopedia libre

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, hacia el 5 de junio de 1599 – Madrid, 6 de agosto de 1660), conocido como Diego Velázquez, fue un pintor ...
es.wikipedia.org/wiki/Diego_Velázquez - En caché - Similares
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26/8/11

¿Intentó Hitler derrocar a Franco?



Las relaciones entre Hitler y Franco constituyen uno de los episodios más espinosos de la historia española reciente. 


Para los partidarios de Franco, éste supo siempre controlar las ambiciones de Hitler comprometiéndose únicamente en aquello que podía resultarle de interés; para sus adversarios, por el contrario, existió una identidad de cosmovisión desde el principio entre ambos invasores manifestando siempre Franco una postura de servilismo hacia el Führer. 


La realidad, sin embargo, fue mucho más compleja y en un momento determinado llevó a Hitler a considerar seriamente la liquidación de Franco.


Corría el mes de junio de 1942 cuando llegó al Ministerio de Asuntos Exteriores del III Reich una carta muy especial. El remitente era el general Muñoz Grandes, comandante en jefe de la División 250 de la Wehrmacht. Más conocida como División Azul, este contingente estaba formado por españoles y combatía en el frente ruso. 


La misiva llegaba en un momento especialmente interesante ya que, teóricamente, los días de Muñoz Grandes como jefe de la unidad estaban contados y el día 14 debía encontrarse en Berlín su sustituto, el general Esteban Infantes. Aquel mensaje podía tener un significado de importancia trascendental e inmediatamente se dieron los pasos para evitar el regreso de Muñoz Grandes a España. Mientras se retenía a Esteban Infantes en Berlín, el almirante alemán Canaris volaba a España para sondear ante Franco la posibilidad de que Muñoz Grandes de momento continuara al mando de la División Azul. 


Franco no pareció percibir ninguna segunda intención y dio su aquiescencia. Inmediatamente, Muñoz Grandes fue convocado al Cuartel general de Hitler, la denominada Guarida del Lobo. Hasta aquellos momentos, el servicio de inteligencia alemán era conocedor de que Muñoz Grandes —el más falangista de los generales de Franco— estaba disgustado por la marcha reciente de la política española. Se mostraba descontento con los sectores tradicionales del régimen, abominaba de don Juan de Borbón al que ni siquiera consideraba español, defendía una implicación mayor de España en la guerra y aborrecía abiertamente a Serrano Súñer, el cuñado de Franco que tenía a su cargo la cartera de Asuntos Exteriores.


De hecho, cuando Miláns del Bosch regresó a España, Muñoz Grandes le encomendó un mensaje para Serrano: si regresaba lo mataría personalmente junto a los de su camarilla. Desde 1941, Ribbentrop, el ministro de Asuntos Exteriores del III Reich, y Walter Schellenberg, el jefe de la sección VI de la Seguridad del Reich, estaban barajando la posibilidad de derrocar a Franco y sustituirlo por un general más abiertamente germanófilo. 
¿Podía encajar Muñoz Grandes en ese objetivo?


La entrevista entre Hitler y Muñoz Grandes se celebró el 11 de julio. En el curso de la misma, el general español fue todo menos discreto. Según el Informe Monteys de 31 de agosto de 1942, despotricó de los reemplazos de la División Azul alegando que ya no eran mayoritariamente falangistas como en un principio y tampoco escatimó críticas contra los mandos. 


Confiado en la comprensión del Führer, le manifestó que no tenía inconveniente en mantenerse en el frente si así lo estimaba conveniente pero que, en realidad, lo que deseaba era regresar a España con apoyo alemán y llevar a cabo una limpieza a fondo con ayuda de la Falange. En su opinión no resultaría necesario derribar a Franco sino que bastaría con convertirlo en Jefe de Estado de manera decorativa mientras él asumía la presidencia del Gobierno.


La respuesta de Hitler fue positiva ya que —sin saberlo Muñoz Grandes— coincidía con los planes que ya hemos mencionado del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la inteligencia del Reich. Así, acordó mantener una  comunicación directa, secreta y extraoficial con el general y luego, por su cuenta, dio forma al plan de sustitución de Franco. De momento, no era conveniente que Muñoz Grandes regresara a España. Antes debía convertirlo en un héroe para facilitar su control de la situación española. 


Para facilitar este objetivo decidió que la División 250 sería trasladada a un frente más activo. En el contexto de la época, el plan parecía plenamente realizable. Rommel avanzaba imbatido en el Norte de África y Sebastopol acababa de caer ante von Manstein. 


El 23 de julio, Hitler firmó la Orden 45 del Führer que ordenaba la conquista de Leningrado bajo el nombre de Magia de Fuego (después cambiado a Luz del Norte). Muñoz Grandes al mando de la División Azul participaría en la toma de la ciudad, antigua capital de los zares y segunda de la URSS. Para asegurar su éxito, la División se convirtió en la numéricamente más fuerte de todo el XVIII Ejército. Mientras tanto Esteban Infantes, el sustituto enviado por Franco se veía obligado a permanecer en Berlín. 


Como mucho, tanto Hitler como Muñoz Grandes estaban dispuestos a que marchara al frente en calidad de segundo jefe de la División Azul.


Lo que ignoraba Muñoz Grandes es que no era él quien había convencido a Hitler sino éste el que venía pensando en utilizarle desde hacía ya algún tiempo. De hecho, las Charlas de sobremesa de Hitler correspondientes a aquella época dejan de manifiesto una creciente animadversión hacia Franco y su gobierno. El 7 de julio, se había entregado a amargas reflexiones sobre el clero y Serrano Súñer, y había llegado a confiar a Jodl que esperaba derribar al Caudillo recurriendo a “la vieja Falange”. 


Tras recibir el asentimiento del general Keitel, el Führer había señalado incluso cuáles eran sus proyectos concretos :
“tenemos que impulsar todo lo que podamos la popularidad del general Muñoz Grande (sic)... porque la División Azul puede, en un momento dado, desempeñar un papel decisivo, cuando suene la hora de derribar este régimen controlado por los curas”. 


La entrevista, ya señalada, que mantuvo con el general español unos días después sólo sirvió para confirmar un plan ya fraguado.
Cuando durante el mes de agosto se produjo una crisis ministerial en España en el curso de la cual se produjo la caída, entre otros, de Serrano Súñer, el Ministerio de Asuntos exteriores alemán comenzó a considerar que el plan Muñoz Grandes no era ya necesario. Sin embargo, el comandante en jefe de la División Azul insistió en su realización en una entrevista con Likus, celebrada el 5 de septiembre, y —lo más importante— Hitler también se negó a descartarlo. 


La clave, sin embargo, seguía siendo una gran victoria asociada a Muñoz Grandes. Desde la noche del 1 al 2 de septiembre, los hombres de la División Azul comenzaron a desplazarse por carreteras secundarias para participar en la ofensiva sobre Leningrado. En la del 5 al 6 inició los combates en las cercanías de Pushkin, la antigua Tsarkoye Tseló, residencia de los zares. Sin embargo, los resultados iban a ser muy distintos a lo esperado. 


Enfrentados a unidades de dos cuerpos de ejército soviéticos —el 42 y el 45— los divisionarios combatieron con arrojo tal y como se esperaba. De hecho, las perspectivas eran tan
buenas que el 25 de septiembre el Alto Mando de la Wehrmacht volvió a plantearse la invasión de España con el nombre clave de Gisela. El paso se daba en un momento desfavorable porque antes de una semana resultaba obvio que Leningrado no caería y Muñoz Grandes no cosecharía la gloria esperada. 


El 19 de octubre Hitler anuló la ofensiva contra Leningrado. Ese mismo día, y ante la perspectiva de desembarco aliado en el norte de África, el Führer se entrevistó con el almirante Raeder para examinar la posibilidad de una invasión de España. A su juicio, para esa coyuntura resultaba imperativo el regreso de Muñoz Grandes a su país.


El 2 de diciembre de 1942, Hitler comunicó a los enviados españoles en la Guarida del Lobo que, finalmente, Esteban Infantes podía sustituir a Muñoz Grandes en el mando de la División Azul. Unos días después el Führer condecoró al general con la Cruz de Caballero, una condecoración que se concedía raramente a los noalemanes.


Halagado, Muñoz Grandes se comprometió nuevamente a alinear más claramente a España con Alemania y a mantener la comunicación secreta con Hitler a través de canales extraoficiales. La acogida que se le dispensó en territorio español parecía indicar que estaba más cerca que nunca del triunfo. 


Se trataba, en realidad, de un espejismo. Franco lo colmó de honores (la Palma de plata de la Falange, el ascenso...) y aparentó escuchar sus argumentos en favor de una entrada completa en la guerra cuando cenó con él en Noche Vieja. 


Pero la suerte estaba echada. Controlado de cerca por el Caudillo, Muñoz Grandes había dejado de ser un peligro para él y una baza para Hitler. El antiguo jefe de la División Azul creía contar con posibilidades y así se lo comunicó en secreto a su enlace alemán. No era así. En el futuro Franco se permitiría incluso ser extremadamente generoso con Muñoz Grandes. Podía hacerlo con tranquilidad. 


El Führer había planeado un peligroso golpe en su contra pero el plan había naufragado en realidad en los gélidos arrabales de Leningrado.



César Vidal - ¿Intentó Hitler derrocar a Franco? - Ideas
25 de mayo de 2001
ENIGMAS DE LA HISTORIA
¿Intentó Hitler derrocar a Franco?
Por César Vidal



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http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/1128 (2 of 2)10/05/2005 18:28:22
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19/8/11

Enigma hundimiento Bismark: revelaciones



Sobre el enigma del hundimiento del acorazado alemán Bismark durante la Segunda Guerra Mundial han surgido nuevas revelaciones de las que se hace eco el Dailymail. El que fuera Oficial de Artillería de la Armada Británica en aquél momento Tommy Byers, mantuvo hasta su muerte que el Bismark había izado la bandera negra de rendición y que a pesar de ello fue hundido con dos mil personas a bordo.


El Bismark había sido localizado y rodeado por una flota británica el 27 de Mayo de 1941. La sóla noticia o sospecha de que el acorazado alemán estuviera una zona, impedía el tráfico mercante de Estados Unidos con Inglaterra. Y además había hundido a dos buques de guerra emblemáticos de la Navy. Churchill había dado la orden a la flota inglesa de buscarlo y hundirlo. Y parece que ésto es lo que prevaleció en aquel combate. Porque el Bismark había sido tocado por un torpedo británico que le había dejado sin hélice ni timón, por lo que no podía maniobrar. Es decir, quedaba a merced de los cañones de los buques ingleses. Lo lógico pues, era que se rindiera.


Foto de popa (trasera) del Acorazado Bismark. Era un monstruo de acero de 250 metros de eslora (de largo) pero a pesar de todo, era más pequeño que los acorazados de entonces. Siendo más pequeño, sin embargo, montaba la misma artillería o superior a otros acorazados normales, por eso se le conocía como Acorazado de Bolsillo. La rendición hubiera sido provechosa para la Navy. La captura del buque hubiera permitido a los ingenieros británicos analizar los métodos de construcción naval de los alemanes así como ver que equipos montaba a bordo


Byers, Oficial de Artillería del Crucero Británico HMS Rodney estaba a unas dos millas del Bismark siguiendo la batalla naval con unos prismáticos. Vió como las llamas del acorazado alemán forzaba a sus tripulantes a saltar al agua. Y vió la bandera negra izada, señal de que pedían la rendición. También vió a un marinero sobre una torre del Bismark haciendo señales de rendición con el código de banderas. Byers se lo comentó a su superior pero éste no quiso saber nada de rendición y le dijo que no le pasara más informaciones sobre ese tema. El Crucero Rodney siguió abriendo fuego casi a bocajarro sobre el buque alemán.

El hijo de Byers es el que ha realizado estas declaraciones después de la muerte de su padre explicando que su padre siempre se sintió culpable por no haber podido lograr que se respetase la señal de rendición del Bismark. Era un Oficial pero no de suficiente rango como para dar órdenes a la flota británica. Pero por lo visto, toda su vida se lamentó de aquél hundimiento. Otro testigo que corrobora tales declaraciones es el que era entonces Oficial de Defensa Aérea del Crucero HMS Rodney. Informó de que vió la bandera negra de rendición del Bismark. Un marinero de otro crucero, el HMS Dorsetshire también informó en el mismo sentido. Todo parece indicar que prevaleció la orden: hundir al Bismark.

Según el Museo Imperial de la Guerra, ante estas declaraciones y teniendo en cuenta que el Capitán del Bismark había enviado mensaje a Hitler de que combatiría hasta el final, estima que probablemente la tripulación del buque alemán quería rendirse dada la situación de casi indefensión en que había quedado sin capacidad casi de propulsión y de control del rumbo.

Foto del Bismark en el fondo del mar. El cineasta Cameron hizo un reportaje sobre el buque. Dijo que no veía síntomas de que la línea de flotación del buque hubiera sido alcanzada por los cañones ingleses, que habían hecho gran destrucción en toda la parte externa del buque alemán pero no parecía que hubieran abierto una vía de agua que provocase su hundimiento. La explicación es que los propios alemanes provocasen la vía de agua en el fondo del casco del buque cumpliendo órdenes de que no fuera capturado por los británicos para preservar sus secretos de guerra. También cabe la posibilidad de que el fuego alcanzase algún almacén de explosivos del buque y reventase el casco por abajo provocando el hundimiento.



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8/8/11

Perros de batalla en la conquista de América




Durante la conquista de América, los perros eran un arma más a utilizar contra los indígenas por parte de los españoles. Al parecer, en el nuevo mundo solo se conocían unos perros pequeños y regordetes, poco agresivos y que por lo tanto no imponían. 





Los españoles se llevaron con ellos, embarcados, a unos perros enormes que usaban tanto para olfatear y evitar emboscadas como para atacar a los enemigos.


Aunque se les conocía como alanos de manera genérica, seguramente aquellos perros eran una mezcla de mastín y dogo. Bernardino de Sahagún decía que “los indios eran devorados por enormes perros con las orejas cortadas, ojos inyectados en sangre y enormes bocas con dientes en forma de cuchilla”.



Algún cronista de la época relata que estos perros eran más temidos que los caballos e incluso que las armas de los españoles. En las Antillas, se hizo famoso uno llamado Becerrillo, que según parece era enormemente fiero. Se le daba doble ración de comida y su dueño recibía un sueldo por cuidar del perro. Vasco Núñez de Balboa también tuvo como compañero de batalla un can famoso, Leoncillo de nombre. Su amo cobraba una soldada de ballestero por los servicios del perro en la batalla.

Fuente: Revista muy historia


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