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8/6/10

Teseo y el Minotauro


"Para ocultar a los ojos del público una cosa que llenaba de infamia a él y su mujer, Minos le encerró en el laberinto, lugar sombrío y tenebroso, cuyas mil vueltas hacían imposible su salida. Dédalo, el arquitecto más hábil de la época, había de tal forma intrincado unos caminos con otros, que era imposible hallar la salida un vez entrado en él." OVIDIO, SIGLO I
Según Apolodoro de Atenas -nuestra fuente del siglo II a. de C. del relato de Teseo y el Minotauro (aunque algunos fragmentos se pueden atribuir a finales del siglo VI a. de C.)-, Teseo fue rey de Atenas. Su pretendido padre era el rey mortal Egeo. Pero también se asegura que el dios Poseidón era su padre biológico. El relato de Teseo tiene como uno de los temas centrales la llegada a la mayoría de edad de un joven mediante la superación de pruebas sobrecogedoras. Como ocurre a menudo en los mitos griegos, el camino a la virilidad está cubierto de vanagloria, ironía y pesar. Pero ¿hay alguna parte de veracidad histórica en esta historia?
Egeo, después del nacimiento de Teseo en el pueblo de Troezen, colocó su espada y sus sandalias debajo de un gran canto rodado de por allí cerca y dio instrucciones a la princesa Etra (madre de Teseo) para que no dejara salir al chico del pueblo hasta que fuera lo suficiente mayor como para recuperar esos objetos de debajo de la roca. Cuando esto ocurriera, Teseo debería reunirse con su padre en Atenas.
Con el tiempo, Teseo creció y se convirtió en un joven alto y fuerte. Entonces levantó fácilmente el canto rodado y recuperó las pertenencias de su padre. Una vez realizada esta tarea, se propuso viajar a Atenas, siguiendo las instrucciones que había recibido. Etra le suplicó que fuera por mar, pero Teseo eligió viajar por tierra, por la ruta más peligrosa, plagada de bandidos, salteadores y animales salvajes. Como era predecible, se topó con muchos peligros por el camino y los venció. Teseo, usando su enorme fuerza y su gran astucia, superó con éxito cada una de las pruebas; por ejemplo, tiró al forajido Escirón al mar, mató al malévolo Procusto y también acabó con la feroz jabalina de Cromio, que debía ser mucho más fiera de lo que suena.

EL PAGO CON SANGRE DE ATENAS: LA ALIMENTACIÓN DEL MINOTAURO
Teseo, cuando llegó a Atenas, se encontró con una gran tragedia que había sobrevenido en su país. Unos años antes (Apolodoro dice que fue tres generaciones antes de la guerra de Troya) Androgeo, el hijo del rey Minos de Creta, había muerto en una batalla contra Atenas. El rey Minos, lleno de rabia y dolor, exigió que se pagara con sangre, lo que los atenienses decidieron aceptar para evitar un conflicto mayor con Creta. Cada nueve años, siete jóvenes atenienses eran llevados a Creta, donde eran ofrecidos al Minotauro, la horrible quimera (mitad hombre, mitad toro), que los sacrificaba en su prisión laberíntica.
El origen del Minotauro se puede atribuir a un intento vano del rey Minos para sacar partido de los dioses. Minos rezó para que le fuera concedido un toro perfecto para el sacrificio y Poseidón accedió. El toro era una criatura tan espléndida que Minos decidió quedarse con él y sacrificar otro, un ejemplar menos perfecto. Poseidón se dio cuenta de lo que Minos había hecho y tramó un castigo malévolo. El dios, enojado, hechizó a la esposa de Minos, Pasífae, y provocó que se enamorara profunda y perdidamente del toro celestial. Ella consumó este amor por el toro, quedó embarazada y dio a luz al Minotauro. Minos encargó al famoso arquitecto Dédalo la construcción de un laberinto en el que el Minotauro fue encarcelado, y así quedarían protegidos los ciudadanos de Creta de sus estragos.
Teseo llegó a Atenas justo cuando el último grupo de víctimas expiatorias era embarcado a la nave con velas negras que los llevaría a Creta y a la muerte. Se presentó voluntario para ser uno de los elegidos, convencido de que podría vencer al Minotauro y poner fin al horrible sacrificio. El rey Egeo intentó disuadir a su hijo, pero finalmente accedió con una condición: si Teseo salía exitoso del enfrentamiento contra el Minotauro y atravesaba el laberinto, a su vuelta triunfante hacia Atenas en la nave cretense debía sustituir las velas negras por una blancas, de forma que su padre tuviera una señal indicadora de que Teseo se había impuesto.
A su llegada a Creta, Teseo y los otros fueron conducidos al laberinto. La hija del rey Minos, la inteligente Ariadna, se enamoró inmediatamente de Teseo e ideó una simple estrategia para impedir que se perdiera en el laberinto: le facilitó un huso con hilo de seda que Teseo desenrollaría hasta llegar al Minotauro, que estaba dormido. El Minotauro se despertó y, después de una lucha feroz, Teseo mató a la bestia. Teseo siguió el hilo hasta la entrada, escapó y volvió triunfante a Atenas. Desgraciadamente, olvidó su promesa de cambiar las velas de la nave. Cuando Egeo vio que la nave volvía con las velas negras desplegadas, pensó en lo peor. Con un gran dolor, equivocado pero inconsolable, Egeo se tiró al mar desde un alto precipicio y acabó con su vida.
TESEO Y EL MINOTAURO: ¿UNA PARTE DE VERDAD?
¿Hay alguna prueba arqueológica de este mito en Creta? Aunque, sin duda, podemos descartar la existencia de una bestia mitad toro, mitad hombre, es interesante ver que Apolodoro sitúa al rey Minos en Creta. Unas obras arqueológicas realizadas en el emplazamiento de Cnosos (Creta), empezadas en el año 1900 por sir Arthur Evans, revelaron la existencia de una civilización antes desconocida. Evans le dio el nombre de minoica, en honor del rey Minos, y determinó que alcanzó su apogeo entre los años 1650 y 1420 a. de C. Los antiguos cretenses practicaban una religión en la que los toros tenían claramente un papel importante. Un fresco muy conocido, encontrado en el enorme palacio minoico de Cnosos, representa a unos acróbatas dando saltos mortales encima de un toro, en lo que podría tratarse de una ceremonia religiosa. Además, los muros del palacio estaban adornados con cuernos de toro gigantes, estilizados, de piedra caliza. Una serie de magníficos recipientes rituales para líquidos (llamados ritones), recuperados en el palacio, estaban hechos tomando la forma naturalista de la cabeza de un toro.
Sobre el plano, el palacio de Cnosos presenta un laberinto complejo y confuso de centenares de habitaciones, tal vez hasta mil, que se extienden a lo largo de más de 20.000 m². Es, de hecho, una estructura laberíntica y la gente durante mucho tiempo ha relacionado el templo con el laberinto del Minotauro. Hace mucho tiempo, en el año 500 a. de C., mucho después de que el templo hubiera sido abandonado, los cretenses acuñaron monedas con la figura del Minotauro en una cara y un laberinto esquemático en la otra.
El mito de Teseo y el Minotauro, por lo tanto, parece incorporar alguna historia real vista desde el prisma de la leyenda. El relato puede reflejar un período de tiempo durante el cual los griegos estaban, quizá, sometidos a la civilización minoica, y el laberinto del Minotauro puede representar una interpretación mitológica del complejo laberíntico de habitaciones del palacio-templo de Cnosos en la Edad de Bronce.
Como argumentan los investigadores Rodney Castleden y J. Lesley Fitton por separado, la muerte del Minotauro en manos de Teseo (que de este modo pone fin al terrible pago con sangre de los griegos a los minoicos) puede ser vista como una metáfora mítica del ascendiente histórico de la civilización griega y de la forma de escapar del dominio minoico en la Edad de Bronce.