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14/12/10

Y la Revolución Soviética llegó al calendario


La mayoría de la Europa Católica había adoptado el calendario gregoriano en 1582. Algunos países protestantes habían tardado bastante más, pero habían acabado haciendo el cambio. Sin embargo, en Rusia, la oposición de la Iglesia Ortodoxa había conseguido que en 1918 el país aún siguiera el desfasado calendario juliano. Las cosas cambiarían con la llegada de Lenin al poder, quien en su empeño por crear una nueva sociedad, una de sus primeras medidas fue la de abolir el calendario juliano y decretar la adopción del gregoriano “con el objetivo de instalar a Rusia en el mismo sistema de medida del tiempo que casi la totalidad de naciones avanzadas ya usaban”.



Calendario Soviético del 1930 que conserva meses irregulares y semanas de 7 días

Sin embargo, en aquel tiempo, Rusia estaba inmersa en la guerra civil que enfrentaba a bolcheviques y el denominado “Movimiento Blanco, que agrupaba a partidarios del Zar y a otros grupos contrarrevolucionarios, por lo que su decreto sólo fue aplicado en la parte del país bajo control bolchevique. Mientras, la Rusia “blanca” continuaba siguiendo el anterior calendario, llegándose a dar la situación de que si un territorio cambiaba de manos, cambiaba de fecha.

Como sucedió en otros países cuando hicieron esta misma transición, para corregir el desfase producido por el paso de los años, los días que van del 1 al 13 de febrero nunca existieron para los bolcheviques, y al 31 de enero le siguió el 14 de febrero.

A finales de la década de los 30, acabada la guerra y establecido el régimen comunista, ya hace mucho, los soviéticos volvieron a poner los ojos en el calendario y se comienzan a discutir otras maneras de organizar la semana productiva que pudieran mejorar la productividad del país. Yuri Larin fue el primero en proponer la idea de una semana de trabajo continuasin fines de semana. Fue en mayo de 1929 durante la celebración del Quinto Congreso de los Trabajadores, Soldados y Campesinos Soviéticos. La idea parece que pasó bastante desapercibida, por lo que no aparece ni mencionada en el discurso de clausura de dicho congreso.

Sin embargo, en junio de ese mismo año, Larin consigue el apoyo de Stalin para su idea y las cosas cambian. Inmediatamente, se dan órdenes expresas para que la prensa comience a ensalzar la idea y en unos días el Consejo Económico Supremo pide a sus expertos que propongan un plan para la implantación de la semana productiva continua en tan sólo dos semanas. Las cosas se mueven deprisa y a mediados del mismo mes de junio, Larin, muy probablemente hinchando la cifra, ya afirma que el 15% de la industria ya estaba funcionando en modo continuo.

Calendario Soviético del 1930 con un día de descanso cada 5, pero con los días organizados según las antiguas semanas de 7 días

Una vez el gran líder se había pronunciado en favor del nuevo sistema, a la semana continua no paraban de lloverle partidarios. A finales de agosto es el Consejo de Ministros el que declaraba esencial que se prepare la transición al nuevo sistema en empresas e instituciones durante el año económico 1929-1930. La duración de la semana continua aún no se especifica.

No queda claro, pero parece ser que el primer día de aplicación de la nueva semana fue el 1 de octubre, a comienzos del nuevo año económico. En un primer momento, se fija su duración en 5 días. Aunque más tarde, se especifica una semana de 6 días para la construcción y para otros trabajos de carácter estacional. Mientras que para las fábricas que paraban su producción una vez al mes, se adopta una semana continua de 6 o incluso 7 días. Los días de la semana pierden su nombre y cada día es asignado un color o un número romano (del I al V). A cada trabajador se le asigna un color o número, el color de su día de descanso.

Con el nuevo calendario soviético, que tenía que ser eterno, el año quedaba dividido en 72 semanas de 5 días. Tres de las cuales tenían alguno de los cinco días de fiesta nacionales intercalados. Estos días de fiesta, que fueron cambiando a lo largo del tiempo, en 1929 eran el 22 de enero (aniversario de El Domingo Sangriento  y día de Lenin), 1 y 2 de mayo (día internacional de los trabajadores) y el 7 y 8 de noviembre (conmemoración de la Revolución de Octubre). Estos días, no formaban parte de ninguna semana, sino que quedaban fuera del sistema de colores y eran, en teoría, festivos para todos los trabajadores.

Calendario Soviético del 1931 con las semanas de 5 días y días numerados del I al V

Según algunas fuentes, el nuevo calendario no sólo modificaría la duración de las semanas, sino que también racionalizaría la duración de los meses, que pasaron a ser todos de 30 días o lo que es lo mismo, tener 6 semanas de 5 días. Los 5 días que faltaban para llegar a los 365, serían los anteriores 5 festivos nacionales, que se consideraría que no pertenecían a ningún mes, sino que se situaban intercalados entre ellos.

Sin embargo, no queda del todo claro hasta qué punto se llegó a aplicar, si es que se llegó, esta modificación de la duración de los meses. Por ejemplo, el periódico oficial del partido, el Pravdasiguió usando las fechas del calendario gregoriano. Existen ejemplares con fecha del 31 de junio, julio, agosto, octubre y diciembre, pero en todo este tiempo no hay ningún ejemplar de ningún 30 de febrero. Incluso, pese al ferviente ateísmo del régimen, el Pravda sigue usando “Resurrección” y “Sabbath” para referirse a sábado y domingo. También parece que la mayoría de los calendarios de bolsillo conservados de esta época siguen mostrando los irregulares meses del calendario gregoriano y, además, organizados en filas o columnas de 7 días, que comienzan por el domingo. Se conserva alguno que muestra las semanas de 5 días y los días etiquetados con los números del I al V, pero son los menos.

Este nuevo sistema tenía como objetivo incrementar la productividad y hacer un uso más eficiente de los recursos, al permitir que las fábricas permanecieran abiertas y funcionando todos los días del año. En un día de trabajo cualquiera, el 100% maquinaría de la fábrica podía estar funcionando, con sólo un 80% de su plantilla.

Pero, aparte de ser un intento de aumentar la producción industrial, la adopción de un nuevo calendario carente de connotaciones religiosas era un paso más de la estrategia de acoso y persecución de la religión por parte del gobierno. Por un lado, la substitución de las festividades tradicionales ortodoxas por otras de carácter patriótico o ideológico dificultaba la preparación y celebración de las festividades antiguas. Por otro, la adopción de una semana de laboral de 5 días, en la que el día de descanso no tenía por qué coincidir con el domingo, hacía más difícil guardar y asistir a los oficios religiosos del “día del Señor” o de cualquier otra festividad que tradicionalmente se celebrara en domingo.

“Año 25 de la Revolución Socialista. Diciembre 1937. 12, sexto día de la semana de seis días”

En cuanto al descanso de los trabajadores, si comparamos esta nueva semana de 5 días con sólo un día de descanso con la de 5 días laborales y un fin de semana de 2 días. En un período de 35 días, es decir, 5 semanas de 7 días o 7 de 5 días, con la semana actual se trabajan sólo 25 días, mientras que con la “soviética”, 28. Viendo estos números se puede considerar que la implantación de la nueva semana implicaba una reducción del número de días de descanso de los trabajadores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los fines de semana de 2 días eran un lujo que en aquel tiempo sólo se podían permitir algunas industrias y en algunos países.

Por ejemplo, en Estados Unidos, Henry Ford comenzó en 1926 cerrar sus fábricas los sábados y los domingos, aunque, la implantación generalizada en todo el país de los fines de semana de 2 días no llegaría hasta 1940.

Sin embargo, la situación de la Unión Soviética era muy distinta. En aquel tiempo, era un país que se estaba industrializando y antes de la reforma del calendario sólo había un único día de descanso a la semana, por lo que con la nueva semana de sólo 5 días los trabajadores ganaban ligeramente en cuando a días de descanso. En la comparación anterior, en 35 días, pasarían de 30 días de trabajo a sólo 28.

Pero no todo eran ventajas, el hecho de que el día de descanso no fuera el mismo para todos hizo que, en las parejas en las que el marido “era” de un color y la mujer de otro, la vida familiar se resintiera. Lo mismo sucedió con la vida social, al resultar mucho más difícil mantener el contacto con las amistades de otro color. Pero, aparte de estos problemas, la productividad tampoco subió todo lo esperado. Con el nuevo ritmo de trabajo, la maquinaría se estropeaba más a menudo. La máquinas no estaban preparadas para funcionar de manera continua, 24 horas al día, los 5 días de la nueva semana, y, además, al no haber paradas semanales se dificultaba llevar a cabo su correcto mantenimiento. Tampoco ayudaba que el nuevo sistema obligara a que las máquinas tuvieran que ser manejadas por obreros menos familiarizados con su funcionamiento particular.

Calendario Soviético del 1937 con las semanas de 6 días

Sólo en los primeros meses, parece que ya existían más de 50 implementaciones distintas de la semana continua en toda la Unión Soviética. La más larga de ellas de 37 días, 30 días seguidos de trabajo y luego 7 días de descanso. Pero aunque no existía unanimidad, la implantación de la nueva semana no se detenía. Si los planes no fallaban en abril de 1930 el 43% de los trabajadores de la industria tenía que seguirla, y en octubre el porcentaje tenía que llegar hasta el 67%.

Mientras nuevas empresas adoptaban la nueva semana, durante mayo de 1930 comienzan a aparecer las primeras empresas la abandonan y deciden volver a la antigua semana de producción interrumpida. Pese a ello, es durante el mes de octubre de este año cuando se alcanza el mayor nivel de implantación de la semana continua y llega al 72.9% de toda la industria. Un número que muy probablemente estuviera inflado por los políticos y por las propias empresas, ya que muchas decían adoptar la nueva semana, pero en realidad continuaban con la anterior. Durante este tiempo, la semana continua también se aplicó en el comercio o entre el funcionariado, aunque no se hicieron públicas cifras de su adopción.

La impopularidad de la nueva semana entre los trabajadores unida al resto de problemas llevan a que Stalin en junio de 1931 condene la semana continua tal y como se estaba implantando, y ordena una adopción temporal de la semana de 6 días interrumpida. No se cumplen por tanto los planes según los cuales durante ese el año económico, el 1930-1931, todos los sectores industriales, a excepción del textil, tendrían que estar trabajando de forma continua.


Calendario Soviético del 1939 con las semanas de 6 días

Con la nueva semana se recupera el día de descanso semanal común para todos los trabajadores. Se hace coincidir el primer día de cada mes con el primer día de la semana, de manera que los días 6, 12, 18, 24 y 30 de cada mes son de descanso. El último día de los meses que tenían 31 era siempre un día de trabajo extra en la industria que junto con los cinco primeros días del mes siguiente hacía que acabaran trabajando 6 días seguidos. Más afortunados eran algunos funcionarios y trabajadores comerciales para los que los 31 eran siempre festivos.

Finalmente, en noviembre se decreta el abandono definitivo de la semana continua, quedando restringido su uso a empresas que producían de manera continua, como fundiciones, hospitales y otras instituciones sociales y culturales. El 1 de diciembre de 1931 es considerado el día en que se abandona la continua y se vuelve a una forma de semana interrumpida. Unos años después, en 1935, tan sólo el 25.8% de los trabajadores sigue alguna forma de semana continua. Y el 27 de junio 1940, se elimina el único vestigio de las reformas que aún quedaba en el calendario. Se abandona la semana de 6 días y se vuelve la de 7 días, con el domingo como día de descanso común para todos los trabajadores 


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