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22/4/10

Archienemigos de Roma. Yugurta, el corrupto





Cuarta entrega de “Archienemigos de Roma“. Colaboración de Gabriel Castelló.
Numidia era un reino satélite de la República romana a finales del siglo II a.C. Le debía a Roma su existencia después de que el príncipe de las tribus masilias y masesilias, el arrogante capitán de caballería Masinissa, se decantase por el bando romano durante la Segunda Guerra Púnica. Masinissa murió de extrema ancianidad en el 148 a.C. y le sucedió su hijo Micipsa. Éste continuó con la política de apoyo incondicional a la República romana, ayudando a Escipión Emiliano en la Tercera Guerra Púnica, la cual concluyó después de tres años de hostilidades con el asalto y la total destrucción de Cartago en el 146 a.C. Fue en este conflicto cuando su sobrino Yugurta, un joven muy popular y atrevido e hijo ilegítimo de su hermano Mastanabal - por entonces responsable de la justicia dentro del reino – entró al servicio de Escipión Emiliano y conoció desde dentro las glorias y miserias de la nación más poderosa de su tiempo.
Una vez resuelta la guerra en África, Yugurta acompañó a Escipión Emiliano a Hispania cuando el Senado le concedió el consulado, encomendándole terminar con la rebelión lusitana y el problema numantino. Sirviendo bajo las Águilas descubrió el punto débil de aquella imponente fuerza militar: la codicia. Yugurta aprendió mucho en Hispania, y no sólo el arte de la guerra; Pero no fue el único que lo hizo; junto a él sirvió un joven tribuno que prometía grandes hazañas, un tal Cayo Mario.
A la muerte de Micipsa (acaecida en el 118 a.C.), cumpliendo la voluntad del rey, el reino de Numidia quedó dividido entre los hijos del rey, Hiempsal y Aderbal, y su sobrino e hijo adoptivo. Yugurta, desaprensivo, taimado y cruel, no desperdició la oportunidad de eliminar a sus competidores. Se enfrentó rápidamente a Hiempsal, que fue asesinado, y después hizo lo mismo con Aderbal, el cual tuvo más suerte y pudo escapar a Roma, solicitando ayuda a la República para recuperar su trono.
El 116 a.C. una comisión del Senado viajó hasta Numidia para buscar una solución pactada al conflicto entre ambos herederos. Aquel pacto fue extremadamente ventajoso para Yugurta, quizá porque él, conocedor de la llave que abría las voluntades de los tribunos de la República, sobornó generosamente a los legados para que la Urbe le concediese las mejores tierras en el reparto. Aderbal no tuvo más que aceptar el arbitraje romano y conformarse con el desigual reparto del reino.
Pero la inmensa ambición de Yugurta no estaba aún satisfecha. En el 113 a.C. atacó las tierras de Aderbal, cercándole en su capital, Cirta (hoy Qustantïna, Argelia) Esta acción deliberada provocó que una nueva comisión del Senado navegase hasta las costas númidas y acudiese a Cirta para mediar en el conflicto. Yugurta también sobornó a los recién llegados, los cuales permitieron que entrase en la ciudad y ejecutase a Aderbal y a muchos de sus seguidores. Durante las represalias fueron asesinados numerosos ciudadanos romanos e itálicos afines al vencido, hecho que junto a las tremendas irregularidades en los tratados y las fundadas sospechas de soborno decantaron la declaración de guerra del Senado en el 111 a.C.
Roma envió a Numidia al cónsul Lucio Calpurnio Bestia. Después de algunos enfrentamientos irrelevantes, Yugurta se rindió ante las legiones romanas, pero de nuevo con unas condiciones extremadamente favorables para él. Bestia, sospechoso de haber aceptado otro suculento soborno, fue conminado a volver a Roma y dar explicaciones en el Senado. Allí reconoció que había aceptado un soborno del númida a favor de una paz deshonrosa. El Senado exigió la concurrencia de Yugurta en Roma para aclarar la situación. El rey númida viajó hasta la Urbe, sobornó de nuevo a dos de los tribunos que le custodiaban para que evitaran que testificase y por muy poco no consiguió articular el asesinato de su sobrino Massiva, residente en Roma, leal al Senado y su posible sustituto como rey satélite. El Senado optó por expulsarlo de la República.
En el año 110 a.C. Roma envió a luchar contra Yugurta a Espurio Postumio Albino. Cuando éste tuvo que volver a Italia para poder presentarse a las elecciones consulares, Yugurta atacó a su hermano y legado, Aulo Postumio Albino, que fue fácilmente derrotado en la batalla de Suthul. Parece ser que el númida, de nuevo gracias a sus espléndidos sobornos, conocía de propios romanos el momento ideal para golpear a sus adversarios. Tras la derrota de Albino, Yugurta reclamó de nuevo que el Senado le concediese el título de regente plenipotenciario del reino de Numidia. Obviamente, el Senado lo desestimó.
Tras este descalabro bélico, en el 109 a.C. la República optó por enviar a Quinto Cecilio Metelo. Le acompañaban sus legados Publio Rutilio Rufo y Cayo Mario. Metelo, hombre serio e íntegro, acabó con la corrupción que se había adueñado de las tropas africanas, imponiendo una férrea disciplina entre las legiones. Derrotó a Yugurta en varios combates intranscendentes y obtuvo algunos éxitos como la toma de la ciudad de Vacca. Así transcurrió el año consular y los ánimos en el bando romano comenzaron de nuevo a crisparse. Mario se destacó como lo que fue, un militar ávido de acción y poder que no compartía la estrategia pasiva del aristócrata Metelo y que no escatimó en informar detalladamente al Senado de ello. Ambos se descalificaban públicamente en campaña, creando una situación muy complicada entre hombres y mandos. La tensión entre ambos hombres se hizo tan insostenible que Mario fue llamado a Roma. El Senado estaba cansado de Yugurta y de la guerra en Numidia y confió en la vehemencia de Mario para resolver el eterno conflicto africano. Fue nombrado cónsul en el 108 a.C. y enviado a África. Para no soliviantar a su antecesor Metelo, y a su poderosa clientela, el Senado le concedió el título honorífico de Numídico.
Mientras tanto, Yugurta se alió con su suegro, el rey Boco I de Mauretania (hoy Marruecos) El tal Boco, tan dado a la traición y el soborno como su yerno, negoció en secreto con Mario su entrega a cambio de concesiones territoriales. Mario siguió apretando a los númidas durante más de un año, pero sin vises de conseguir victorias claras y contundentes. Yugurta había aprendido en Hispania la técnica de guerra de guerrillas que había utilizado Viriato contra las legiones consulares – y que, poco tiempo después, rescataría Sertorio -, evitando a toda costa una batalla campal para la que no estaba preparado.
Pero su acertada táctica no le libró de una traición inesperada. Boco y Mario cerraron su pacto y Yugurta fue apresado en el 106 a.C. y conducido cargado de cadenas a Roma. Tras una ignominiosa exhibición pública fue ajusticiado en el Tullianum, (la prisión mamertita) en los oscuros calabozos del Foro.

Este conflicto destapó las miserias de la República romana. La corrupción, la poca ética y el arribismo de algunos de sus hombres más relevantes se mostraron ante el brillo del oro de Yugurta y la posibilidad de obtener gloria rápida en tierras extrañas. Además de estas generalidades – según Plutarco y Salustio – el fin de Yugurta supuso el inicio de las desavenencias entre dos hombres, un conflicto personal e irreconciliable que arrastraría a la República a una sangrienta guerra civil pocos años después. Parece ser que el cuestor de Cayo Mario, un joven llamado Lucio Cornelio Sila – testigo de excepción de las intrigas y tejemanejes de presunta ilegalidad de su superior para desplazar a Metelo – jugó un papel fundamental en la captura de Yugurta; Por ello desfiló mostrando el anillo del númida en el Triunfo a pesar de que los galardones oficiales del Senado fuesen para Mario.
Para conocer las tretas entre Mario, Sila y Yugurta os recomiendo “El Primer Hombre de Roma” de la australiana Colleen McCollough
y2a -Archienemigos de Roma. Yugurta, el corrupto escrito por Javier Sanz en: Historias de la Historia